El fin de los envíos de crudo desde Venezuela agrava la escasez de energía en Cuba y genera incertidumbre sobre su impacto social y económico.

Cuba está afrontando una profunda crisis energética y económica tras la decisión del gobierno de Estados Unidos de cortar por completo los envíos de petróleo desde Venezuela, su principal proveedor histórico. Venezuela suministraba alrededor de 26,500 barriles de petróleo por día, cerca de un tercio de las necesidades energéticas de la isla en 2025.
Los envíos de crudo han caído prácticamente a cero desde finales de diciembre debido a una fortalecida operación de bloqueo estadounidense y los efectos de la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, lo que ha dejado a Cuba sin combustibles esenciales para energía, transporte y servicios básicos.
El último cargamento significativo de petróleo llegó a mediados de diciembre desde el puerto de José, en Venezuela, y desde entonces no han arribado nuevos envíos debido a las restricciones en curso. Aunque otros aliados como México han enviado cantidades menores, estas ayudan poco frente al volumen que Cuba solía recibir.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha prometido resistir la presión estadounidense y mantener la soberanía del país, mientras muchos ciudadanos ya enfrentan cortes de energía prolongados, dificultades para cocinar o acceder a combustible y falta de medicinas y alimentos básicos.
Expertos en energía advierten que, de mantenerse la interrupción, Cuba podría enfrentar un impacto catastrófico en su economía y bienestar social, ya que no hay señales claras de alternativas de suministro suficientes a corto plazo.
En áreas rurales ya se siente el efecto, con horarios de electricidad cada vez más limitados y familias recurriendo a métodos tradicionales, como cocinar con carbón, ante la falta de gas o electricidad confiable.
La incertidumbre aumenta a medida que Cuba lucha por garantizar su suministro energético en medio de sanciones y un contexto geopolítico volátil.




